RAIGAMBRE

Revista Cultural Hispánica

domingo, 2 de octubre de 2016

CRÍTICAS

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Por Antonio Moreno Ruiz
Historiador y escritor


Cuando uno es escritor, tiene que aceptar las críticas. Gusten más o gusten menos, es así. Todo lo que no haga en la vida estará sujeto a críticas, como nos enseñó con sus cuentos el infante Don Juan Manuel, allá por el Medioevo. La república de las letras no iba escapar a tal cosa.

Recuerdo que cuando publiqué la novela “Los salvadores de la mafia” (1) comprobé que, gracias a Dios puedo decir que soy profeta en mi tierra y en Bollullos de la Mitación, mi pueblo del alma, el libro se vendió como rosquillas. Recibí muy buenas críticas en general, pero hubo una que me llamó más la atención: A un paisano le había encantado la novela pero el final lo vio flojito. Un amigo cordobés también me dijo que se quedó con más ganas, como si la novela fuese “demasiado definitiva”. Y bueno, estas críticas, lejos de molestarme, sirvieron para estimularme en mis trabajos. Ahí sigo dándole a la tecla y tengo muy en cuenta las críticas y los consejos.

Asimismo, cuando más nuevo, mis profesores me decían que era muy barroco. Otros me decían que se me notaba la influencia del romanticismo. Probablemente, eso me ha acompañado con los años, pero creo que me he ido puliendo. Eso sí: Uno nunca deja de encontrarse errores y de aprender. Y para eso, aparte de escribir, hay que leer.

Hasta aquí creo que todo bien. “Fresco”, como dicen en Colombia. Pero hay críticas y críticas. La crítica de verdad, reitero, se acepta y hasta se agradece. El problema viene cuando algunos amigos perplejos refieren, no sin rubor, asombro y hasta consternación, que en cierto estercolero de internet me ponen a parir cada vez que escribo algo. Y en verdad escribo bastante, así que hay quien se toma bastante trabajo. Y cuando voy a algunos enlaces que me refieren, me encuentro con lo de siempre: Toda una corte de frikis marujonas y cobardes que, a entrambas orillas de la mar océana, se amparan en el anonimato para difamar, tergiversar, manipular y confundir mis escritos, poniendo cosas en mi boca que yo jamás he dicho, y demostrando lo incapaces e impotentes que son al exhibir una incomprensión lectora que va más allá del infantilismo. Resulta que según este microsector virtual/marginal, yo soy agente de Putin y estoy en contra de la seguridad social. Eso para empezar. Casi nada…

Y en verdad, vive Dios que debería estarles agradecido, porque nadie me da más publicidad. Pero hay que reconocer que esa obsesión da yuyu. Hay algo oscuro por ahí. Y más allá de los peligrosos  y oscuros"gustos" de cada cual, lo que va más allá de la casualidad es que se ponen con espumarajos nerviosos cuando un servidor osa criticar a instituciones tan poco recomendables como la Unión Europea o la OTAN. Se conoce que, como me tienen tan presente, al ser yo una de sus máximas referencias, esto les irrita especialmente. ¡Quién osa perturbar la tranquilidad de sus putas vidas!

Cuando en el Año de Nuestro Señor de 2013, Manuel Fernández Espinosa, Luis Gómez y un servidor iniciamos la aventura de elaborar una revista cultural hispánica (de nuestro puño y letra, sin anonimatos rastreros), yo también sabía que me exponía a las críticas. Muchas veces, desde posiciones izquierdistas, se me ha criticado con un mínimo de coherencia. Sin embargo, las “peores” críticas las he recibido siempre de esta caterva de mamarrachos, compendio junto y revuelto  derechoides/frikifachas/pseudotradis. Lo mejor de cada casa, vamos…

Hablando de críticas, desde estos circulitos se me ha dicho a veces que si soy “grosero” por hacer algún que otro poema o artículo jocoso. Y yo me pregunto: ¿Es que han leído La Celestina de Fernando de Rojas o Las desgracias del ojo del culo de Francisco de Quevedo? Sólo por ponerle dos títulos para que se ilustren un poco. Tanta anglofilia vuelve puritana a la gente, a la par que más tonta todavía, por imposible que ello parezca. 

Así las cosas, no nos extrañe que en tres décadas en España nada se haya construido en el “área patriótica”; un área que está muerta y cuya apestosa falsedad sólo se halla en los escombros de las redes sociales; redes que, lejos de ser aprovechadas, han servido para terminar de sepultar las sempiternas pedorretas de cabezas huecas que van de maestros politólogos cuando en verdad están impidiendo que brote nada nuevo o bueno. Porque es que son hasta antipáticos. No valen ni para tomarse una cerveza. Seguro que van a un bar y amargan a los parroquianos. Con esas caras, no necesitan disfraces para el carnaval. Entre ellos se contará el que le quitó la cartera al hombre lobo y el que le hace los mandados a Drácula. Y es que hay frikis, locos o etc. que tienen gracia, pero estos no valen ni para eso. A decir verdad, no valen para nada y se empeñan en demostrarlo, que es lo malo. Pero peor aún que eso es que por culpa de este ganado haya tanta gente potencialmente buena que se haya quemado y se haya ido a su casa, asustada, confundida y asqueada de tanto tiparraco que está más colgado que unos cojones en un andamio, que tiene más tonterías que un mueble-bar y que no quiere salir de su terapia de autoayuda; de tanto abrazafarolas picándose a ver quién es el rey de la tertulia más impedida. Desde luego, psicólogos y psiquiatras de más de medio mundo se los tienen que estar rifando a fuer de enjundiosas tesis doctorales. Pero es muy triste, preocupante e indignante el tema. Un tema que no da para creer en conspiranoias, porque con el talento que hay, no hacen falta Anacletos agentes secretos. Esta gente le sale totalmente gratis al sistema. Ya no tienen gente ni para una comilona fantasmagórica. Por eso cada vez resultan más ridículos ciertos pedantes que van por el mundo muy bien anclados en el sistema (sistema que dicen combatir, jajaja), así como esos redactores sensacionalistas de esperpéntica imaginación; los mismos que dan carnets de pureza según antojos y amistades; los mismos que satanizaron tiempo ha la revista “Raigambre” porque les salió del amanerado culo que tienen por cerebro.  Y luego, analicen ustedes las amistades de este farisaico sanedrín…

Ciertamente, la biología se está encargando poco a poco de esta forrajera que no llega ni a pintoresca. El problema, reitero, es el daño que dejan hecho, que va a ser muy difícil de subsanar. No es gente que haya quemado los campos: Les ha echado sal. Y hasta que no nos quitemos esta pesada losa con olor a mierda que han dejado a toda causa noble que se precie, no levantaremos cabeza. Ya sabemos qué no hay que hacer y a quién no hay que parecerse. Y por supuesto, también sabemos quién necesita lijas para cuernos. Aunque algunos de pelados frailunos no llegan ni a eso. 

En fin, que Dios nos coja confesados, y alejémonos (y procuremos que se alejen los potencialmente buenos) de esta peste a la que ya le queda poco. Sigamos a lo nuestro, y el que no pueda, que arree. 
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